Durante décadas, la metodología SMART ha sido la herramienta por excelencia para convertir deseos vagos en objetivos realizables. Definir metas específicas, medibles, alcanzables, relevantes y con un plazo determinado, ha ayudado a millones de personas a estructurar sus proyectos.
Sin embargo, el entorno actual cambia a gran velocidad. Un plan que parece perfecto hoy puede necesitar ajustes el mes que viene debido a imprevistos personales, dinámicas de trabajo o cambios en nuestras propias prioridades. Es aquí donde surge el modelo SMART-ER, una evolución indispensable que añade dos pilares fundamentales: la Evaluación (Evaluated) y la Revisión (Reviewed).
La limitación de los planes rígidos
Formular un objetivo de manera impecable no garantiza su cumplimiento si olvidamos que las circunstancias humanas son dinámicas. Cuando una persona diseña una meta y la mantiene de forma inamovible frente a los imprevistos, es muy probable que aparezcan la frustración y el desánimo.
El modelo SMART-ER no busca cambiar la esencia de la meta original, sino acompañar a la persona a lo largo de todo el proceso de transformación.
Los dos nuevos componentes de la fórmula
1. La "E" de Evaluado
El progreso requiere seguimiento. No basta con establecer una fecha límite al final del año; es necesario programar espacios periódicos de evaluación —semanales o mensuales— para medir los avances reales frente a los proyectados.
Evaluar no significa juzgar el rendimiento, sino observar los datos de manera objetiva para saber si las acciones planificadas están dando el resultado esperado.
2. La "R" de Revisado
Aquí reside la verdadera flexibilidad del coaching moderno. La revisión consiste en la capacidad de ajustar la estrategia, los plazos o los recursos cuando el contexto cambia. Si una persona se encuentra con un obstáculo inesperado, la respuesta no es abandonar la meta, sino revisar la ruta para mantener la viabilidad del proyecto.
Beneficios prácticos para el coachee
- Reduce la ansiedad: Al saber que el plan se evaluará y ajustará de forma continua, la persona se libera de la presión del perfeccionismo.
- Incrementa la perseverancia: Los pequeños reajustes evitan el abandono total ante los primeros imprevistos.
- Mantiene el aprendizaje constante: Cada evaluación se convierte en una oportunidad para descubrir qué herramientas o hábitos funcionan mejor para la persona.
Conclusión
El paso del modelo SMART al modelo SMART-ER representa una transición hacia un coaching más humano, realista y sostenible en el tiempo. Al integrar la evaluación periódica y la revisión flexible, transformamos el plan de acción en un mapa vivo capaz de adaptarse al ritmo real de las personas.
::: Pablo de la Iglesia
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